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¿Arnés o collar?

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Para que desde el principio no quede ninguna duda vamos a contestar ya a esta pregunta tan habitual:

Arnés. Siempre, a cualquier edad y para cualquier raza.


Y ahora vamos a ir viendo y explicando por qué motivos somos tan categóricos con respecto a este tema.

El cuello es una de las estructuras corporales más sensibles del cuerpo del perro. En esta zona tenemos las vértebras cervicales, la tiroídes, la tráquea y el aparato Hioidéo, que es un conjunto de pequeños huesos que sirven de soporte a la lengua, la laringe y la faringe. Además de multitud de terminaciones nerviosas y una amplia vascularización que riega los importantes órganos de la cabeza.

Ejercer presión, tirones, o movimientos bruscos en esta zona es altamente peligroso ya que puede provocar problemas cervicales, contracturas en la musculatura del cuello y tercio anterior, dolores de cabeza, traqueítis o tos crónica e incluso problemas oculares. Existen varios estudios al respecto aunque nosotros destacamos dos:

Anders Hallgren, un eminente psicólogo sueco, realizó un estudio publicado en 1992 que dió lugar a su libro   ” Problemas de espalda en los perros. La causa subyacente de problemas de conducta ”  Este estudio se basa en 400 perros que fueron examinados físicamente por varios veterinarios. Se halló que el 63% de los animales tenía lesiones de espalda, a diferentes alturas (26,87% en cuello). Y de los afectados, el 55% presentaba problemas de conducta, la mayoría de agresividad. “Una de las más claras correlaciones en el estudio fue el existente entre las lesiones en el cuello y tirar de la correa. El 91% de los perros con daños en esa zona habían sido sometidos a tirones con la correa por parte del dueño o se había dejado que tirasen de ella durante largos periodos de tiempo”.

Otro muy interesante al respecto es el del Journal of the American Animal Hospital Association, que comprobó en el estudio Effects of the Application of Neck Pressure by a Collar or Harness on Intraocular Pressure in Dogs , que la presión aplicada en el cuello de los perros aumenta la presión ocular considerablemente e incrementa, por ejemplo, el riesgo de padecer lesiones oculares y glaucoma.

Todos estos problemas y dolores pueden incluso llegar a cronificarse y sin saberlo tendremos un perro que vive con dolor todos los días. Como el propio Anders Hallgren explica, igual que otros muchos etólogos “Un perro que sufre dolor se vuelve hiperactivo, nervioso, a menudo agresivo, y en consecuencia es etiquetado como «perro problemático»”

Lo que subyace detrás de muchos perros con problemas de conducta son dolores crónicos. Por desgracia, ellos no pueden decirnos que les duele la espalda, o el cuello, o la cabeza y manifiestan ese dolor de otro modo. A nosotros mismos nos pasa, cuando estamos doloridos estamos mucho más irritables, gruñones y saltamos por cualquier cosa.

Además, la manipulación por el collar impide en cierta medida el desarrollo normal de la conducta social y la utilización adecuada de señales de calma. Los perros se apoyan mucho en los giros de cabeza, por ejemplo, para comunicarse, y si nosotros les impedimos ese movimiento, estamos provocando un problema de comunicación sin siquiera darnos cuenta.

Se le resta mucha importancia a este tema a pesar de haber ya tanta información y estudios al respecto y no es un asunto baladí. Por estos motivos nosotros no estamos a favor del uso de collares como método de sujeción y control del perro. Lo cual no quiere decir que no le podamos poner un collar a nuestro perro de manera puramente decorativa y para llevar la chapita. Los collares no tienen nada de malo siempre y cuando no sirvan para enganchar la correa. Por ejemplo, en perros que van sueltos, siempre con la precaución de que estén lo suficiéntemente holgados como para que, si se enganchan en cualquier lado, se lo puedan sacar y liberar sin problemas, sobre todo si son paseos por el campo.

En cuanto a los llamados “collares de adiestramiento”, de ahorque, cordinos o de descargas eléctricas no vamos ni a hablar. Afortunadamente están empezando a prohibirse, como en el resto de países civilizados, y esperemos que en poco tiempo pasen a la historia.

La opción que siempre aconsejamos es la del arnés. Ya sea para paseos normales, para educación o para trabajo.

Hay montones de modelos de arnés, siempre vais a poder encontrar uno que vaya bien a vuestro perro. En general lo más importante es que el perrete vaya bien sujeto y que las cinchas estén acolchadas y no le rocen en las axilas. Esto es cuestión de probarlo y ajustar bien la talla.

Encontraréis que se controla mucho mejor a un perro cuando se sujeta por su tronco que cuando se le sujeta sólo por el cuello. No le hacemos daño y tenemos mayor control de su cuerpo porque la sujeción es mucho más amplia.

Mucha gente, e incluso algunos profesionales aún, relacionan el uso del arnés con que el perro tire, y esto simplemente no es cierto. ¿Cuántos perros con collar asfixiados y aún así tirando de la correa habéis visto? ¿Montones, verdad? Un perro que tira va a tirar igual llevando un arnés o llevando un collar, esto es así. Y lo es porque no es el arnés o el collar lo que le hacen tirar sino el hecho de que se le refuerce la conducta en sí. La diferencia es que con el arnés es prácticamente imposible provocarle daños y con el collar es muy fácil.

En estos casos, de perros que tiran mucho de la correa, lo recomendable es acudir a un educador canino para que nos de unas pautas al respecto. Existen además, arneses de adiestramiento, diseñados especialmente para esto. Este tipo de arneses, como el Halti, Sense-ible, Easy Walk o Sensation, no son arneses pensados para el paseo habitual sino para enseñar al perro a no tirar de la correa, por lo tanto deben ser usados en sesiones cortas y mucho mejor con las recomendaciones o supervisión de un educador canino. Utilizados como arneses habituales o de paseo,  pueden llegar a provocar dolores musculares y contracturas en la zona del cuello y espalda.

Como conclusión; Nuestra recomendación es utilizar siempre arnés para ir de la correa. Elegir uno que le sea confortable y le sujete bien, con cinchas acolchadas, a ser posible con varios puntos de sujeción, por ejemplo tipo petral, que además es muy fácil de poner.  Y en el caso de que haya un problema de tirar de la correa, antes de hacernos con un arnés de adiestramiento, hablar con un profesional para asesorarnos de cómo, cuánto y cuándo utilizarlo.

En nuestra opinión, de poco sirve la educación en positivo si seguimos utilizando el dolor de nuestros perros como vehículo para controlarles o enseñarles.

Os dejamos un video de Turid Rugaas en la que nos da su opinión y  explica como elegir un buen arnés para nuestro perro.

 

 

 

 

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